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La lucha contra la dictadura fue un ejemplo de heroicidad y entrega


Vivía en Tepotzoplan, un pueblito cercano al monstruoso México DF, jungla de concreto y acero que visitaba apenas lo indispensable. Eduardo Astiz nunca pensó que su apellido se haría famoso porque, como cuenta, participaba de un hecho de militancia colectiva. Y menos aún pensó que esa fama llegaría por un genocida, Alfredo Astiz, “El Angel” que operaba desde la ESMA con Massera. Ingresó a Montoneros como asistente de Raúl Clemente Yäger y militó en el Movimiento Villero Peronista. Bajo la coordinación de Horacio Mendizábal participó en las dos “Contraofensivas Montoneras” de 1979-1980 como miembros de las Tropas Especiales de Agitación, cuyas tareas consistían en precarias interferencias radiales y televisivas para transmitir mensajes de la organización guerrillera en plena dictadura. Cuando regresó a México, “El Pelado” formó parte de la escisión “Montoneros 17 de Octubre”.  Nunca volvió del exilio. Se refugió en los pinceles, dedicado a los murales y poco antes de su muerte publicó un libro “Lo que mata es la velocidad de las balas” en que relata en primera persona la “Contraofensiva”. El 22 de septiembre de 2006 falleció en su casa mexicana. Esta entrevista epistolar fue realizada pocos meses antrás y su final abrupto es la interrupción del intercambio de correos cuando la salud ya no le permitía seguir adelante.